Los nuevos desafíos tecnológicos para la industria fotovoltaica en Europa

Los acuerdos de París para reducir las emisiones de gases contaminantes que producen el cambio climático, hacen necesario replantear todas las políticas tanto energéticas como económicas en función de ello. De hecho el mayor o menor éxito del acuerdo no va a depender tanto de los fondos asignados como   de hasta qué punto los diferentes gobiernos e instituciones interioricen en su proceso de  decisiones la variable cambio climático como una de las variables claves de ese proceso.

En ese espíritu, la Comisión Europea quiere enfocar esta transición energética  de la forma más coste eficiente posible. Realizando la transición hacia un modelo energético más inteligente, flexible, descentralizado, integrado, sostenible, seguro y competitivo.

La clave del cumplimiento  de estos objetivos de  transición está  en la innovación. Sobre todo cuando además la Comisión Europea, ve en ellos, como no podía ser de otra forma, una oportunidad económica e industrial.

En particular, en el caso de la tecnología fotovoltaica los nuevos modelos de negocio que están surgiendo, impulsados por su competitividad y relacionados con las diferentes formas de autoconsumo van a facilitar la rápida transformación del sistema eléctrico. Sin embargo esta coyuntura no encuentra a este sector en el mejor momento: la producción de paneles en la U.E. ha decrecido pasando de 3GW/año en 2010 a menos de 1,3 GW/año en 2013, hay un buen posicionamiento en integración de renovables en red pero no tan bueno en servicios inteligentes para los consumidores, se prevé que el mercado de baterías se expanda de manera rápida en los próximos años, pero el liderazgo del mismo recae en EE.UU., Japón y Corea, lo que   unido al impacto negativo que han tenido sobre el sector los recortes en las retribuciones en algunas países no le posiciona idealmente para aprovechar las oportunidades que se presentan.

Recuperar el liderazgo innovador es fundamental para que esta transformación se convierta en una oportunidad de crecimiento económico.

Para  intentar cambiar la situación la C.E. quiere utilizar como instrumento el SET Plan (Strategic Energy Technologic Plan) con el objetivo de identificar áreas donde establecer prioridades estratégicas y acciones que contribuyan a acelerar esta transformación. La industria fotovoltaica ha sido una de las áreas seleccionadas, planteando una serie de objetivos tecnológicos específicos:

  • Incrementar la eficiencia de los módulos en al menos un 20% comparado con los niveles de 2015 y al menos un 35% para
  • Reducir el coste de los proyectos FV llave en mano en un 20% para 2020 y en un 50% para 2030
  • Incrementar la vida de los módulos a 30 años para 2035
  • Minimizar el impacto ambiental del ciclo de vida de la cadena de valor de los componentes de los módulos
  • Promover la realización en masa de edificios de consumo energético casi cero, estableciendo estructuras entre el sector FV y los sectores claves de la industria de la construcción.
  • Desarrollar elementos de integración fotovoltaica en edificios, con aislamiento termal e impermeabilización, que reduzcan sus costes adicionales en un 50% para 2020, en un 75% para
  • Mejorar los conceptos de producción a gran escala para conseguir capacidades de producción de 20m2/minuto para
  • Mejorar la automatización de las plantas de producción

Antes de 6 meses la C.E. desarrollará un detallado plan de implementación de actividades para conseguir estos objetivos.

Algunos expertos consideran que varios de estos objetivos son demasiado ambiciosos, y quizás sea así pero nuestra historia tecnológica reciente nos  ha demostrado que objetivos que parecían inalcanzables se han conseguido mucho antes de lo previsto.

Podemos encontrarnos en la curiosa situación de que mientras por la parte de los responsables tecnológicos de la C.E.  se

intente contribuir a llevar adelante esta transformación , por parte de otras áreas  se implementen cambios regulatorios  que perjudiquen la posición competitiva de esta tecnología.

Además, la C.E. dentro del Plan Juncker, pretende utilizar las energías renovables como uno de los arietes de su reindustrialización. Pero, para conseguir la reindustrialización es necesario contar con un mercado interno significativo y para ello es necesario recuperar la seguridad jurídica a nivel nacional y comunitario, eliminar las barreras para el autoconsumo, mantener la prioridad de acceso a la red de las energías renovables y desarrollar nuevos sistemas de mercado eléctrico que no penalicen a las energías renovables con respecto a las convencionales ni a los proyectos de pequeño tamaño con respecto a los grandes.

Acabar con la intermitencia en el desarrollo de la fotovoltaica es importante para consolidar las apuestas industriales. Las experiencias de “acelerón y frenada” que ha vivido el sector fotovoltaico en Europa van en contra de dicha consolidación.

La C.E. ha comenzado un proceso de revisión tanto de la Directiva de Energías Renovables como de la Directiva del Mercado Eléctrico. De cómo se redacten ambas directivas va a depender el futuro desarrollo de las renovables en Europa y por tanto las posibilidades de que las empresas europeas ocupen una posición de liderazgo mundial o no.

Por otro lado, hay que hacer hincapié en que la competencia con Asia y EE.UU., no puede orientarse sólo  a reducción de costes, al ser una carrera difícil de ganar, sino también hacia la diferenciación en calidad y prestaciones tecnológicas y en los diferentes elementos de la cadena de valor fotovoltaica donde Europa ha mantenido un importante grado de competitividad.

Los objetivos son importantes, es muy significativo que la C.e. hay visto al sector como un sector clave sobre el cual apostar, pero se necesita coherencia entre las apuestas tecnológicas y las decisiones regulatorias tanto de la C.E.. como por parte de los gobiernos nacionales.